0.72 / 0.30

«Una tarde, cogí mi paracaídas y dije: “Entre una estrella y dos golondrinas.”»

Vicente Huidobro

Hace un año y medio, en un estudio realizado para el INEI, desarrollamos un sistema para evaluar la manera en que la inteligencia artificial podría afectar el mercado laboral peruano. Inspirados por trabajos previos, automatizamos un proceso para que un modelo de inteligencia artificial leyera las descripciones de tareas del Clasificador Nacional de Ocupaciones peruano y las clasificara según su exposición a la IA generativa. Los resultados fueron interesantes pero, como siempre, con puntos de mejora. Este año comencé a refinar ese índice para un proyecto en la UP, y una de las primeras tareas del equipo fue comparar nuestros resultados previos con los de uno de los estudios más completos sobre el tema, publicado por la OIT en 2025. Los resultados coincidían solo en parte (la correlación entre ambos índices apenas llegaba a 0.45), con diferencias derivadas de los modelos usados, los prompts de partida y lo que medíamos. Buscando refinar ese primer esfuerzo, este año desarrollamos un nuevo modelo de trabajo (más sobre eso en el futuro!) para pensar el tema. Como resultado nos aproximamos bastante más al trabajo de la OIT (la correlación subió a 0.85), aunque con una metodología algo distinta al medir el nivel de exposición. Sin embargo, persisten diferencias interesantes. Una de las más llamativas es la de los astrólogos y adivinos. Mientras que en nuestro índice actual aparecen con una exposición alta (0.72 sobre 1), en el de la OIT es baja (0.30).

¿Cómo entender una diferencia así cuando, en general, los dos ejercicios producen resultados bastante parecidos?

Hay varias respuestas posibles. La más obvia es metodológica. El propio estudio de la OIT (2025) refina un trabajo previo, de 2023. Y entre ambos ya existe cierta inestabilidad en esta ocupación, que pasó de 0.53 a 0.30 una vez que los puntajes se calibraron con opiniones de trabajadores y expertos sobre la ejecución real de las tareas. En nuestro caso, en cambio, no contamos con expertos, y en nuestra versión más reciente ampliamos lo que la IA puede hacer para incluir razonamiento y uso de herramientas digitales. Más allá de estas diferencias, quizá los dos ejercicios no están midiendo lo mismo a nivel teórico. Y la escritura de horóscopos es particularmente interesante.

Nuestro índice está diseñado para capturar cuánto del producto, un horóscopo o una recomendación, puede ser generado por una IA. Pero producir una interpretación no equivale a hacer el trabajo de interpretar. Estudios recientes sobre tarot o lectura del café insisten en que el trabajo incluye el proceso mediante el cual se construye y negocia esa interpretación. El punto central de esta distinción es que la IA puede producir interpretaciones y participar de manera importante en el proceso a través del cual se hace una lectura. Pero eso todavía deja abierta la pregunta por el criterio, es decir, quién decide qué interpretación se incorpora o se descarta. Es una pregunta que ya ha aparecido al discutir la ingeniería de software o, crecientemente, la escritura académica, y que complica una oposición simple entre aumento y sustitución.

Por eso conviene separar por lo menos tres preguntas. La primera es si la IA puede producir el output asociado a la tarea. ¿Puede hacer un horóscopo? Creo que sí. Puede escribir mejor que la mayoría de horóscopos publicados en diarios. Y seguro puede montarse en plataformas que ofrezcan algo personalizado. La segunda es si puede asumir una parte sustantiva del proceso de trabajo. Aquí la respuesta me parece más cercana a "bastante", pero depende de quién trabaja y de las reglas de cada comunidad de práctica. Algunos lectores se niegan a delegar la interpretación, no necesariamente porque crean que la IA es incapaz de hacerla, sino porque disfrutan de ese trabajo o temen perder las capacidades que desarrollan al hacerlo. Otros, en cambio, la utilizan para trabajar más rápido o detectar sus propios sesgos. Finalmente, queda la pregunta de si esto implica que la IA puede sustituir al trabajador que presta el servicio. Ahí la respuesta me parece menos concluyente aún. Puede sustituir ciertos productos (los horóscopos generalistas son quizá el caso más evidente), pero no se sigue de ahí que sustituya aquello que ocurre durante una lectura situada entre dos personas. No dejo de pensar en la distinción, tan común en las aulas estos días, entre producto y proceso. Y sospecho que para muchos clientes una parte importante de lo que valoran es precisamente el proceso (otro paréntesis acá, porque desde ahí leo a muchas personas en X odiando haber amado cuentos o novelas una vez que descubren que la IA participó).

Visto desde aquí, incluso cuando dejamos de hablar de ocupaciones completas y hacemos zoom para mirar las tareas que las componen, una aparentemente sencilla como "realizar horóscopos" esconde decisiones teóricas sobre qué entendemos por trabajo. Decisiones que no se resuelven con un prompt, quiero decir. La metodología de usar prompts para medir el potencial de la tecnología no es inútil (permite hacer comparaciones sistemáticas entre miles de tareas). Pero deja preguntas que se beneficiarían de testimonios y estudios cualitativos. ¿Qué es exactamente "realizar un horóscopo"? ¿Es escribir un par de párrafos sobre cómo me va a ir hoy? ¿O incluye que alguien me pregunte cuándo nací y qué me preocupa? ¿O, más complejo aún, que alguien elabore una interpretación mientras observa mis respuestas, ajustando lo que está diciendo según lo que siente? El enunciado de la tarea no contiene todo el trabajo que hace falta para realizarla. Y lo que queda fuera puede ser precisamente trabajo interpretativo y relacional que pasamos fácilmente por alto, como seleccionar, conectar, probar significados y construir con otra persona una lectura significativa.

Pero pienso estos días en una dificultad adicional. Lo que consideramos 'sustituible' depende también de qué creemos que constituye el valor de una actividad. Si entiendo un horóscopo como información producida, es difícil negar que una IA puede generarlo (imagino que ya lo hace y, si no creo en cartas astrales, puedo ver un mundo donde la IA reemplaza a todos los astrólogos). En cambio, si considero que hay valor en la capacidad de interpretar, en la autenticidad, en la relación con otra persona o incluso en cierta intuición que atribuyo al practicante, observaré la misma capacidad tecnológica y llegaré a una conclusión diferente sobre cuánto trabajo puede sustituirse. Pensar tanto en astrólogos y adivinos de pronto parece exagerado (aunque se trate de una ocupación relativamente marginal), pero me parece útil analíticamente. Hace visible una tensión que está presente cuando intentamos medir los efectos de la inteligencia artificial sobre muchos otros trabajos, pues antes de preguntar cuánto de una ocupación puede transformarse o desaparecer, tenemos que decidir qué creemos que constituye ese trabajo (nosotros, "la sociedad") y dónde pensamos que reside su valor.